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DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO /B

 

Monición de entrada

      Hermanos: ¿Queremos comprar la vida eterna? ¿La queremos alcanzar a base de prácticas religiosas? Pues hemos de saber que no hay dinero ni riquezas que sean capaces de comprar los dones de Dios.

      Lo que nos correspondería a nosotros es acoger los dones que Dios nos hace. A ver si lo comprendemos y lo podemos aceptar en la Liturgia de hoy, y nos proporciona ésta un corazón pobre y sencillo para agradecer a Dios los dones que nos hace.

 

Canto de entrada

Alrededor de tu mesa / venimos a recordar (2)

que tu palabra es Camino / tu Cuerpo Fraterniad (2).

 

Hemos venido a tu mesa

a renovar el misterio de tu amor,

con nuestras manos manchadas;

arrepentidos, buscamos tu perdón.

 

Juntos y a veces sin vernos,

celebramos tu presencia sin sentir

que se interrumpe el camino,

si no vamos como hermanos hacia ti.

 

Rito penitencial

      El dinero no vale ante Dios, no vale el poder. Sólo cuentan la humildad y pobreza. Acudamos, pues, a Dios, pidiéndole que nos libere de la esclavitud de la riqueza y el poder:

 

      -Tú que has nacido pobre entre nosotros, Señor, ten piedad.

      -Tú que te acercabas a pobres y pecadores, Cristo, ten piedad.

      -Tú que, como palabra hecha carne, sacas a la luz nuestra interioridad, Señor, tren piedad.

 

 

1   Sb 7, 7-11

      Creemos que con la riqueza alcanzamos lo que deseamos. Pero escuchemos otras cosas de esta lectura. Si seguimos con lo nuestro, será porque no acabamos de levantar la cabeza, y vivimos de tejas para abajo.

 

Lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11

 

Supliqué y se me concedió la prudencia,

invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría.

La preferí a los cetros y a los tronos,

y en su comparación tuve en nada la riqueza.

No le equiparé la piedra más preciosa,

porque todo el oro a su lado es un poco de arena,

y junto a ella la plata vale lo que el barro.

La preferí a la salud y a la belleza,

me propuse tenerla por luz,

porque su resplandor no tiene ocaso.

Todos los bienes juntos me vinieron con ella,

había en sus manos riquezas incontables.

 

Salmo responsorial

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Enséñanos a calcular nuestros años,

para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?

Ten compasión de tus siervos.

 

Por la mañana sácianos de tu misericordia,

y toda nuestra vida será alegría y júbilo;

danos alegría por los días en que nos afligiste,

por los años en que sufrimos desdichas.

 

Que tus siervos vean tu acción

y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor

y haga prósperas las obras de nuestras manos.

 

2   Hb 4, 12-13

      ¿Queremos conocernos y conocer nuestra interioridad? Tengamos sed de la Palabra de Dios. Escuchemos como entra ésta hasta lo más íntimo de nosotros.

 

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12-13

 

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuentas.

 

3      Evangelio Mc 10, 17-30

      ¿Coincidimos con los deseos de Jesús? Él quiere hacernos seguidores suyos... Acojámoslo cantando el Aleluya, de pie.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-30

 

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

- Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó:

- ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

Él replicó:

- Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

- Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

- ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras.

Jesús añadió:

- Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban:

- Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

- Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

[Pedro se puso a decirle:

- Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo:

- Os aseguro, que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura vida eterna.]

 

Preces

      † ¡Cuánto tenemos que cambiar para confiar en Dios, y no en el dinero, las riquezas o las influencias! Presentémosle con humildad nuestras peticiones:

 

      -Por la Iglesia: para que viva en la pobreza a todos los niveles, y sean los pobres los primeros en su seno, roguemos al Señor.

      -Por los pobres: para que puedan acoger con confianza a la Iglesia que quiere acercarse a ellos, roguemos al Señor.

      -Para que en esta Iglesia sepamos compartir su riqueza, que es la Palabra de Dios, y podamos acudir con ganas a escucharla, roguemos al Señor.

      -Para que sepamos hacer buen uso de las riquezas y compartirlas con los necesitados, roguemos al Señor.

      -Para que no entendamos nuestras eucaristías como moneda para ganar el cielo, sino como medio de acoger los dones que Dios nos dispensa, roguemos al Señor.

      † Dios Bueno: libéranos de las ataduras de las riquezas para que podamos ser seguidores de tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Canto para la Comunión

 

Donde hay caridad y amor, allí está el Señor

 

Una sala y una mesa / una copa, vino y pan,

los hermanos compartiendo / en amor y en unidad.

Nos reúne la presencia / y el recuerdo del Señor,

celebramos su memoria / y la entrega de su amor.

 

Invitados a la mesa / del banquete del Señor,

recordamos su mandato / de vivir en el amor.

Comulgamos en el Cuerpo / y en la Sangre que él nos da,

y también en el hermano, / si lo amamos de verdad.

 

Este pan que da la vida / y este cáliz de salud

nos reúne a los hermanos / en el nombre de Jesús.

Anunciamos su memoria / celebramos su pasión,

el misterio de su muerte / y de su resurrección.

 

Avisos

 

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